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  • Wilson Mape

En días de San Valentín, el amor propio


Hay seres humanos que han aprendido el amar a otros desprendiéndose de sí mismos con la convicción del servicio como un don que construye comunidad. Sin embargo, en consulta y fuera de ella, me he encontrado con hombres y mujeres que han sido capaces de ponerse a un lado privilegiando a otros, pero que, a su vez, han desplazado sus propias necesidades por atender las necesidades de otro.


Hablo de quien se abandona a sí mismo, por satisfacer más que las necesidades del otro, los deseos y hasta los caprichos de esos otros. Especialmente, hablo de quienes confunden el amar a otro, o el tener pareja, como olvidarse de sí; como que la otra persona se convierte en la persona más importante de su vida y terminan alejándose de los amigos, la familia, los hobbies. Asumiendo un rol de espectador en la vida del otro y no se sacuden de lo solos y sin amor que se ven, aunque se rodeen de mucha gente que, más que amarlos, se aprovecha de su servilismo.


En esta conducta, puede entreverse creencias sobre sí mismo como no merecedor. Es decir, consideran que no son tan valiosos, ni dignos de ser queridos o apreciados por la comparación constante que se hacen frente a los demás, pues se consideran a sí mismos como “poca cosa”. Todo a los demás les queda bonito, a ellos no. Y en este sentido, considera a los otros como más importantes o valiosos que ellos mismos. Ponen las demandas y las necesidades de los demás como más dignas de importancia sobre las suyas. Todo lo demás se encuentra antes que ellos, y sus intereses propios son sobrepuestos por los de otros.


Esto puede llevarles a sentimientos de resentimiento hasta con la sonrisa del otro, envidian la vida de los otros y constantemente se abruman con rasgos depresivos. La sensación de culpabilidad les resulta angustiante cuando reciben atenciones o detalles de los demás. Ni se atreven a darse a sí mismos un gusto, pues prefieren no gastar dinero o tiempo en ellos mismos, ya que consideran que hay cosas “más importantes” que requieren prioridad que ellos mismos.


El amor es mesurado, las exageraciones y los extremos muestran falencias o autoengaños. Recuperar el amor propio no es una conquista finalizada, es una conquista diaria. Por ello:

  1. Retoma el interés o el disfrute de aquello que amas, de las cosas que te gustan. Haz conciencia y descubrirás que aún te apasiona bailar, pintar, caminar, etc. Y hazlo nuevamente. Pon en tus palabras aquello que quieres para ti hoy, por ejemplo: “Voy a invitarme a salir al café del parque esta tarde a las 5:00 pm”.

  2. Priorízate sobre lo demás. Hay muchas tareas en la agenda diaria, ponte entre las prioridades y mantenlo presente. “A las cinco ya tengo un compromiso en el café del parque…”

  3. Evita postergarte a ti mismo. Evita dejarte para después y olvidarte de ti como la mayoría de las veces. Intenta ponerte en primer lugar y cumplirte tu palabra a ti mismo (como sueles cumplirle a otros). “Ahí estaré!”

  4. Y revisa cómo te sientes. Disfruta de ti y de esos regalos que te mereces y que te ayudan a verte a ti mismo como el amor de tu vida.

No se trata de volvernos egoístas en el sentido de lo opuesto. Se trata de reconocer nuestras necesidades y valorarlas como prioritarias, puesto que nos consideramos a nosotros mismos como merecedores de aprecio, de cuidado y de atención, especialmente hacia nosotros mismos.

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