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  • Wilson Mape

Salud Mental en las Minorías


Para muchas personas, especialmente en las minorías, acceder a los servicios de salud viene acompañado de múltiples temores y miedos que se convierten en una pesadilla al momento de verse obligados a acudir al sistema de salud. Tanto, que muchos se alegran más que por no estar enfermos, el no tener que usar el servicio de salud en algún momento. Así que, si la atención a la salud física, esa que solemos creer que está alojada en alguna parte del cuerpo y que requiere de un médico o una medicina que la sepa curar, se convierte en una angustia acudir a buscarla ¿Qué podemos esperar al pensar en la salud mental? Esa que creemos que podemos manejarla con “buena actitud” o “poniendo de nuestra parte”. Puesto que, la mera búsqueda de atención en salud ya desencadena malestares de por sí, que se suman a cualquier otra necesidad de buscar ayuda para la atención de la salud mental.


En primer lugar, especialmente para las comunidades migrantes, la principal barrera es hacerse entender, es decir, el idioma. Sea cual sea su origen, incluso para las minorías nativas de los Estados Unidos, hacerse entender se ha convertido en el primer obstáculo para acceder a los servicios de salud mental. Historias para ilustrar esto las tenemos casi todos de manera personal. Pues esto conlleva a que al no contar con un intérprete en nuestra primera lengua, no sepamos cómo manifestar aquello que pueda estar generando malestar físico o emocional y, a su vez, la persona que atiende puede no comprender cuál servicio en salud mental redireccionar. Esto genera desgaste emocional, frustración e impotencia y posiblemente abandono de la búsqueda de atención, sin dejar de decir que también puede generar diagnósticos erróneos y por supuesto, tratamientos equivocados. Pero además, muchas veces, teniendo el profesional adecuado para intervenir, se ha visto que las personas abandonan sus tratamientos por no contar con un profesional que entienda no sólo su lenguaje sino también su cultura.


En segundo lugar, la mayoría de minorías, carecen de un seguro médico. Principalmente, aparece el miedo real a los altos costos de los servicios en salud, que de por sí ya es suficientemente angustiante. Pues agrega una deuda más a las responsabilidades financieras de cualquier persona o familia. Esto se suma a aquellas dificultades existentes para acceder a las ayudas y a los programas que subsidian a las personas por sus condiciones económicas, por pertenecer a minorías u otras características, que a veces, generan una expectativa de proveer soporte, pero que, las condiciones que piden son casi imposibles de cumplir, o no aplican para cada caso particular, así que por uno u otro motivo no pueden cumplir y terminan quedándose por fuera de cualquier programa de apoyo en salud, por ende, las minorías quedan ajenas a la atención en salud mental.


En tercer lugar, dentro de las minorías hay personas que no tienen documentación y su situación legal les impide buscar tratamientos en salud mental, ya que creen que podría poner en riesgo su seguridad en el momento o más adelante cuando puedan organizar su status migratorio. Esta situación de por sí afecta la salud mental, dejando sin atención a personas que necesitan tratamientos o que vienen de sus lugares de origen con un tratamiento iniciado y que requiere continuidad. Por ende, la salud mental suele deteriorarse progresivamente.

En cuarto lugar, y no necesariamente último, hay creencias muy particulares que hacen que en las minorías, algunas personas desestimen el buscar atención en salud mental. Aún hay un temor a la vergüenza y la estigmatización sobre las enfermedades mentales o en general sobre la salud mental. Algunas personas creen que la atención en salud mental es una “cosa para los locos”; Otras personas deciden no hablar de sus necesidades emocionales por paradigmas culturales (los hombres no hablan de sus problemas, las mujeres hacen mucho drama, etc.); o las enmascaran precisamente en sus perfiles culturales (la gente de tal lugar es más alegre); incluso, otros lo sugieren como un asunto de actitud (es suficiente con la buena actitud y echarle ganas); Y otras personas, suelen hablar de sus problemas todo el tiempo o con cualquier persona sin decidirse finalmente a buscar ayuda al respecto.


Sin embargo, se ha dicho muchas veces, que la salud no significa meramente “ausencia de enfermedad”, puesto que conlleva un sentido más de bienestar o de buen vivir, como un concepto un poco más amplio y holístico, que, por ende, incluye a la salud mental de manera armónica con el ser humano y su entorno, tratando de acercarse un poco a esta herencia del mundo antiguo oriental. La salud mental sigue siendo un privilegio de unos pocos.


En la actualidad la salud mental es un concepto más cercano que antes, gracias al acceso a la información y al multitudinario esfuerzo de muchas personas, de organizaciones y entes estatales. Sin embargo, aunque el derecho a la salud, como derecho humano universal, ha estado en jaque en muchos lugares más que en otros, en unos momentos históricos más que en otros, la salud mental, derivada del anterior, con mucha más razón continúa estando “echada a la suerte”.


Ante ello, Allies in Caring, desde una filosofía holística, se suma a los esfuerzos para contribuir a la salud mental de la comunidad y de las minorías de nuestro entorno a través del centro de bienestar Con-Vivir. No sólo en el marco del mes de julio cuando es reconocido como el mes de la salud mental de las minorías, sino en cualquier momento que lo necesite cualquier persona de la comunidad. Haciendo énfasis en la confidencialidad, el respeto y la apertura al otro, tratando de disminuir las barreras anteriores, con profesionales en la salud mental que pueden acercarse en el mismo idioma, con respeto a la cultura, la idiosincrasia y el reconocimiento compasivo por quien sufre y requiere ser acogido.


Si le preocupa su salud mental o la salud mental de un ser querido, podemos ayudarlo. Llámenos a nuestra Línea telefónica gratuita* de atención en salud mental: (609) 878 - 2007 o visitenos todos los sábados de 1 pm a 4 pm en el Centro de Bienestar Con-Vivir, 100 S Second St, Hammonton, NJ. No necesita hacer cita.

*Las dos primeras sesiones son gratuitas. Este servicio es confidencial.

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